EMPRESA
Cuando se cruza la puerta de la Talabartería se traspasa el umbral del tiempo; nos adentramos en la tradición centenaria de moldear con manos maestras la acogedora firmeza de la madera, la nobleza del cuero y la digna maleabilidad del acero. Con la destreza del trabajo hecho con vocación, se da forma a la madera hasta obtener el fuste, que reforzado con el acero, proporciona solidez a la armazón, la que será revestida con cuero. Luego, se teje pacientemente hasta obtener una obra magistral cuyo valor solo comprenden quienes evocan en el olor del cuero, el ancestral encanto de una estancia vaquera.
Ser talabartero es mucho más que saber un hermoso oficio. Es tener la sensibilidad para conocer las caprichosas formas de un caballo y la exacta medida del estribo que ha de necesitar el jinete. Es entender que el montador y el animal se funden en una sola estampa y que entre los dos sólo existe lo que unas manos han logrado: "LA SILLA DE MONTAR".
Bienvenido amigo a la Talabartería, sonde nos sentimos como en casa quienes reconocemos en los caballos la lealtad del compañero de jornadas y en el talabartero, el noble oficio de sus manos.